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EL ENFOQUE DE LA VIDA CRISTIANA VICTORIOSA

EL ENFOQUE DE LA VIDA CRISTIANA VICTORIOSA.

“Con mi voz clamé a Jehová, y él me respondió desde su monte santo” (Salmos 3:4).

Desde el monte santo, tiene que ser el lugar más alto y seguro donde Dios se encuentra. Inaccesible, inescrutable, innefable, sublime. En realidad esa marcada distancia de Dios tiene que ver con mis densas tinieblas, mi rebeldía y mi soberbia, y no de algún tipo de indiferencia de su parte.

Aunque soy su hijo, Dios no está a mis órdenes como si El fuera un mesero o un peón.

Está en su monte santo y desde allí, puede escuchar mi clamor y el tuyo para otorgarnos la respuesta.

No se trata de cuan intensa o prolongada sea la oración, sino de su infinita misericordia para inclinarse y mirar nuestra diminuta vida. No son mis méritos u obras los que atraen su atención; es el brillo de su santidad y el resplandor de su majestad que lo dirigen hacia mí. ¿Quién soy yo para que me atienda el único Rey de reyes del universo? No es por mí, se trata de El. Me ama, me perdona, me levanta, me restaura.

El enfoque de una vida cristiana victoriosa está en la respuesta de Dios y no en el conjunto de esquemas para intentar acercarme a su monte.